Por que Mañalich perdio “la batalla de Santiago”.

Escrito por CIPER CHILE.

Poco antes de dejar su cargo, el ex ministro de Salud, Jaime Mañalich, confirmó que las cuarentenas aplicadas en el Gran Santiago habían fallado. Lo hizo al admitir que dos aspectos clave estaban fuera de control: la movilidad de las personas y la trazabilidad de los contagios. El primer elemento, que mide la circulación dentro de las comunas, estaba disparado: tenía que reducirse a un 35% y los datos oficiales doblaban esa meta. En algunas comunas del sur capitalino –donde ahora hay más registros de decesos­– la movilidad solo bajó entre 10% y 20%. En paralelo, el equipo para monitorear la trazabilidad no daba abasto: dejaba 11 mil personas sin ubicar cada día. Asesores científicos del gobierno advirtieron en abril que las cuarentenas dinámicas estaban fallando por estos factores, pero no se vio reacción hasta fines de mayo.

El viernes 5 de junio, una semana antes de presentar su renuncia, el entonces ministro de Salud, Jaime Mañalich, notificó al país que hasta ese momento la cuarentena en el Gran Santiago había fracasado. Lo hizo en el habitual punto de prensa para informar las cifras diarias de la pandemia y muy pocos se percataron del dramático significado de sus palabras. Ese día, Mañalich dijo que la “movilidad” (los viajes al interior de la ciudad) sólo había bajado a 70% respecto de los traslados que se hacen en un periodo normal. Y agregó que, para que la cuarentena tuviese efecto positivo, se requería que la movilidad cayera al 35%. En los hechos, el ahora ex ministro estaba diciendo que las más de tres semanas que la capital llevaba en cuarentena habían sido un ejercicio prácticamente inútil. La enorme cantidad de viajes impedía contener la propagación del virus.

Solo dos días antes, el miércoles 3 de junio, el mismo Mañalich había informado al país que otro eje fundamental para evitar la acelerada propagación del Covid también estaba en gran parte perdido: la trazabilidad de las personas contagiadas y sus contactos. Lo hizo al entregar el reporte diario y, al igual que en el caso anterior, pocos repararon en la gravedad de su declaración. En esa jornada, informó que la trazabilidad de los contagiados en la Región Metropolitana alcanzaba solo al 60% de los casos que debían rastrearse:

“Es evidente que (…) el nivel de trazabilidad, de seguimiento de los casos y contactos, no es suficiente“, dijo Mañalich. Y agregó que se requería, al menos, superar el 80% “para que sea satisfactoria, en el sentido de que somos capaces de identificar los casos activos y sus contactos y tener claramente una política de aislamiento que impida que estas personas contagien a otros”.

Con esta declaración, Mañalich estaba confirmando lo que CIPER había publicado algunos días antes: un acta del Comité de Emergencia del Ministerio de Salud (Minsal) registraba que el contact center encargado de la trazabilidad estaba dejando cerca de 11 mil llamadas diarias sin hacer y que en los días en que los nuevos contagios superaban los 4 mil casos, tampoco se alcanzaba a ubicar a todas esas personas (vea el reportaje de CIPER “Falla pieza clave para contener el virus: acta interna del Minsal revela graves problemas en la trazabilidad de casos”).

El equipo de operadores telefónicos del Minsal encargado de hacer el seguimiento era apenas de 80 personas. Luego del reportaje publicado por CIPER, la cartera indicó que –en el plazo de una semana– tenía planeado elevar ese número a 800. A más de dos semanas de ese compromiso, el Minsal informó a través de un comunicado de prensa que hasta este lunes 15 de junio los operadores habían aumentado a 500. En todo caso, la decisión de multiplicar por diez ese equipo no es un ajuste menor en la hoja de ruta. En la práctica, un aumento de esa proporción es un reconocimiento tardío de un error de planificación grave.

La comparación internacional deja en evidencia que este esfuerzo por contar con 800 operadores también quedaría corto: en Wuhan (China) hubo nueve mil empleados dedicados a esta labor, para una ciudad de 9 millones de habitantes, mientras en Inglaterra (66 millones) hay cerca de 25 mil personas haciendo el rastreo y monitoreo por teléfono. Finalmente, el Minsal anunció que involucraría a los municipios y a su red de salud primaria (consultorios) en la tarea de la trazabilidad, dejando atrás una serie de rounds que habían enfrentado a Mañalich con los alcaldes que pedían una mayor coordinación y participación en las labores de prevención.

Las dos intervenciones públicas de Mañalich que confirmaron la movilidad y la trazabilidad fuera de control, fueron un golpe para quienes pujan por la reactivación de la economía. El retorno a la normalidad no tenía fecha a la vista y lo que se había hecho hasta ese momento, a cien días de iniciada la pandemia, parecía en vano. El gobierno enfrenta dos crisis: la sanitaria y la socioeconómica. Y las declaraciones del ahora ex ministro eran malas noticias para ambas.

En todo caso, la gestión de Jaime Mañalich estuvo marcada positivamente por la masiva llegada de ventiladores mecánicos, por la acelerada ampliación de camas críticas en un esfuerzo hospitalario sin precedentes, por la capacitación en Cuidados Intensivos de cientos de funcionarios de la salud y por la habilitación de más de 80 laboratorios para realizar exámenes PCR. Pero, aunque la asistencia clínica es clave, la pandemia no se combate en los hospitales, sino en la prevención. Camas y ventiladores resultan inútiles si no se corta o disminuye el flujo del contagio que termina saturando o colapsando a hospitales y clínicas.

“Aplanar la curva” era el concepto que en las primeras semanas se escuchaba para graficar esto: que el ritmo del contagio fuese lo más lento posible para que el número de pacientes graves no supere la oferta de camas críticas. Esa es la estrategia del gobierno para enfrentar el Covid. Y en ese objetivo, el Minsal ha fallado en la Región Metropolitana. Los santiaguinos están viviendo lo que precisamente la autoridad sanitaria debía evitar: los contagios se dispararon, la cuarentena no funcionó, la movilidad se mantuvo alta, la trazabilidad es insuficiente y en las últimas tres semanas los centros asistenciales operan en un nivel de saturación que los tiene al borde del colapso. La “batalla de Santiago” se está perdiendo.

COMUNAS CON MOVILIDAD DE 90%

Uno de los principales objetivos de las cuarentenas es reducir la movilidad de las personas y, con ello, la circulación del Covid-19. CIPER confirmó que informes de asesores científicos del gobierno indicaron ya en abril que la movilidad en las comunas del Gran Santiago que entonces permanecían en cuarentena (la restricción para toda la ciudad se aplicó recién el 13 de mayo) estaba muy por encima del umbral necesario. Pero recién el miércoles 3 de junio, 21 días después de que se decretó la cuarentena para toda la capital, Jaime Mañalich hizo un llamado por primera vez a controlar este índice:

Este viernes (5 de junio) completamos la tercera semana de cuarentena (…) pero necesitamos hacer comprender que estas medidas tienen que ir acompañadas de una mayor colaboración de la comunidad. Hasta ahora, los estudios que nos ha entregado el ministerio de Ciencia señalan que la movilidad en la Región Metropolitana, afectada severamente por la pandemia, se ha reducido solamente en un 30% respecto de los niveles habituales”, dijo el ex ministro en el reporte de ese día.

Este anuncio fue una reacción al análisis hecho por los científicos de la Mesa de Datos que asesora al gobierno -al alero del Ministerio de Ciencia y Tecnología-, quienes recogieron información respecto a la movilidad de las comunas entre el 25 y 31 de mayo. Si bien ese fue el primer documento que se entregó directamente a la autoridad, los investigadores venían desarrollando estos informes de forma independiente desde abril. Y los datos recopilados por entonces ya indicaban que en las cuarentenas dinámicas la movilidad se mantenía muy alta: entre el 60% y 70% en relación a periodos normales. Pero el gobierno no prestó atención a este factor y solicitó un estudio recién en la última semana de mayo. Esto significa que recién reparó en el tema cuando ya el Gran Santiago llevaba  casi dos semanas de cuarentena. Y era tarde.

Loreto Bravo, doctora en Ciencias de Computación, directora del Instituto Data Science (IDS) de la Universidad del Desarrollo (UDD) y miembro de la Mesa de Datos, es quien lidera el grupo de investigadores que desarrolla este trabajo. Ante las consultas de CIPER, indicó: “Nosotros partimos haciendo estudios de movilidad en marzo, pero los primeros resultados los publicamos en abril. Y aparte de eso, desde hace dos semanas que todos los martes le preparamos un informe al ministro (Andrés Couve) para que se utilice en la toma de decisiones sobre cuarentenas que (las autoridades) realizan los miércoles en la mañana”.

Los primeros informes sobre movilidad –ignorados por el gobierno– coinciden temporalmente con los documentos que prepararon otros asesores científicos de la Mesa de Datos, que evidenciaron cómo el alza de contagios en la Región Metropolitana se disparaba entre fines de abril y comienzos de mayo, mientras el discurso de las autoridades mutaba desde el “retorno seguro” y la “nueva normalidad” hacia la “batalla de Santiago” (vea aquí el reportaje “Las cinco alertas que el gobierno ignoró antes de endurecer la cuarentena en el Gran Santiago”).

Como primera respuesta a los altos niveles de movilidad, el gobierno anunció recién este viernes 5 de junio que se reducirán los permisos para trabajar y que ya no bastará con mostrar la credencial de una empresa dedicada a un rubro esencial, como era hasta entonces. Sin embargo, esta medida parece insuficiente ante las cifras de permisos individuales que maneja Carabineros, que a través de la Comisaría Virtual ha entregado casi 26 millones de autorizaciones a nivel nacional para poder circular durante el día, desde el comienzo de la pandemia hasta la primera semana de junio.

CIPER consultó al Minsal desde cuándo consideró la movilidad como aspecto central para determinar el éxito o el fracaso de las cuarentenas y si revisó ese índice antes de los informes entregados por el IDS. La cartera se excusó de responder, argumentando que se encuentra en una etapa de “transición” entre la salida de Mañalich y el ingreso del nuevo ministro, Enrique Paris.

LOS DATOS DE LOS INFORMES

El desglose de las cifras que maneja el Departamento de Estadísticas (DEIS) del Minsal sobre exceso de muertes durante 2020, revela que la pandemia ha afectado especialmente a las comunas más vulnerables de la capital. Se trata de las mismas zonas en que la movilidad se redujo menos.

Un artículo publicado por La Tercera detalló, por ejemplo, que San Ramón anotó la mayor tasa de mortalidad de la Región Metropolitana entre el 1 y 31 de mayo, y que en ese período de tiempo fallecieron 114 de sus habitantes (el peor registro de los últimos 20 años era el de agosto de 2007, con 79 decesos). El análisis de movilidad del IDS indica que se mantuvo el 93,2% de los viajes entre el 25 y 31 de mayo en esta zona.

Una situación similar ocurrió en La Pintana: allí hubo 175 defunciones  el mes pasado (53% más que el peor registro que maneja el DEIS desde el año 2000), mientras los datos del IDS señalan que la misma comuna apenas redujo su movilidad un 18,3% en la última semana de mayo.

Para que una cuarentena tenga un impacto eficiente, el Índice de Movilidad (IM) debe disminuir entre un 60% y 70%. Para calcular esta cifra, el IDS analiza –de forma anonimizada– cuántos viajes realiza una persona según la cantidad de antenas telefónicas a la que se conecte mientras se dirige de algún lugar a otro. Para ello se aliaron a Telefónica Chile y la empresa CISCO, considerando información registrada desde el 26 de febrero y la semana del 9 al 15 de marzo como base comparativa.

“Calculando el cambio de antenas de los celulares podemos estimar la movilidad de las personas dentro de la ciudad. Tenemos aproximadamente cuatro millones de aparatos anonimizados a nivel país, y un millón y medio en Santiago”, dice Loreto Bravo, directora del IDS.

El primer informe, publicado en abril, evidenció que las cuarentenas decretadas en las comunas del oriente de Santiago sí lograron reducir en torno a un 60% la movilidad en algunas de esas zonas: 62,3% en Santiago, 67% en Providencia y 55,7% en Las Condes. Otras comunas, en cambio, no alcanzaron el umbral recomendable, como es el caso de Vitacura (54%), Ñuñoa (48,1%), Lo Barnechea (38,2%) e Independencia (28,5%) (vea el informe completo acá).

¿Qué explica esta diferencia? Aunque puede deberse a muchos factores, uno de los principales motivos es que las comunas que anotaron menos variación del IM registran muchos viajes fuera de sus límites. En palabras simples, la circulación hacia otras comunas no disminuyó lo suficiente porque muchas personas debían desplazarse para trabajar.

La escasa reducción de movilidad se explica en gran medida porque la mayoría de los trabajadores tuvieron que seguir acudiendo a sus empleos. Ya el 15 de mayo, cuando comenzó a regir la cuarentena en el Gran Santiago, el ministro de Economía, Lucas Palacios, anunció públicamente que el 40% de las empresas continuaría operando en la capital. Eso, de acuerdo con las estimaciones del gobierno, significaría que “un poco más de 2,3 millones de personas van a estar trabajando, de un total de un poco más de 5,6 millones de personas“.

Estas cifras ya alertaban que la movilidad se mantendría sobre el nivel requerido para que la cuarentena tuviera efecto. Para evitar una circulación excesiva, las autoridades idearon una lista con lo que consideraban “comercio esencial”. Sin embargo, esta acepción fue más laxa de lo que aconsejaba la experiencia internacional –donde solo se mantuvieron supermercados y farmacias– y permitió, por ejemplo, que cadenas de comida rápida siguieran funcionando.

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Política

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